Era una mañana de domingo insólitamente fría, cuando el otoño comienza a solaparse con el menguante verano, papá me había despertado más temprano que de costumbre ya que todavía el sol no se animaba a salir del todo. Desayunamos rápido, casi sin palabras de por medio, y mientras mamá levantaba lo que quedaba en la mesa corrí a mi habitación para buscar algún suéter de abrigo olvidado del invierno pasado.
Cuando regrese todos estaban listos para partir, no pregunte donde, de todas formas nadie me lo iba a decir. En casa ya casi nadie se dirige la palabra. Desde que mi hermano esta en rehabilitación todo cambio totalmente, mamá llora muchas veces escondida en su cuarto, mientras que a papá lo veo cada vez menos y cuando llega a casa esta de mal humor y oliendo extraño, yo intento estudiar lo más que puedo para ver si de esa forma puedo volver a encontrar las sonrisas que se perdieron en casa, pero creo que no es suficiente.
Por lo que esa mañana tan atípica, supuse que llevaríamos a mi hermano otra vez a la clínica para sus evaluaciones, o algo así. El tráfico estaba totalmente liviano, y me dormite en el camino, hasta que el frenazo y los gritos de papa me despertaron. Lo último que recuerdo de esa mañana es una luz muy fuerte seguida de un ruido impactante, inexplicable como a vidrio estallando en mi cabeza.
Cuando por fin puede abrir los ojos, me sentía liviana como el viento, no sabía dónde me encontraba y aunque no podía creerlo ya no tenía miedo. Era un lugar muy claro e iluminado, pero sobre todo con mucha paz. Comencé a caminar por lo que parecía ser un sendero, hasta llegar a un gran portón dorado. Del otro lado me esperaba un hombre mayor, parecido a mi abuelo, él apenas me vio, me sonrió de una forma muy familiar. - Hola Ana, Bienvenida-.
Hasta ese momento no me había dado cuenta de que estaba totalmente sola, en ese lugar completamente desconocido, y con ese hombre, al que nunca había visto y sabía mi nombre. Seguramente ese torbellino de adrenalina y emociones se habría reflejado en mi rostro ya que el hombre se adelanto de su puesto de vigilancia para acercarse a tranquilizarme.
-Ana no te preocupes, aquí estarás completamente a salvo. Estas son las puertas del paraíso eterno. Te estábamos esperando- Justo en ese momento veo a mis padres y a mi hermano parados frente al gran portón dorado. Corro para abrazarlos y ellos me cubren de besos y lagrimas.
- Hijos míos – nos dice el hombre de la entrada - Debo ser honesto con ustedes, todos los humanos deben pasar por el purgatorio para limpiar los pecados de sus vidas en la tierra, este proceso puede durar en algunos casos casi una eternidad, dependiendo del grado de arrepentimiento que tengan y del tipo y numero de pecados de cada uno. Pero en este caso por tratarse de un ser tan puro como es Ana sin casi ningún pecado que cargar en sus espaldas, el Supremo Hacedor nos ha otorgado un permiso especial esta vez. Todos juntos como familia que son, podrán pasar a disfrutar plenamente del reino de los Cielos sin importar las faltas cometidas sean cual sean, pero es una decisión personal que cada uno debe tomar. Pueden ingresar todos juntos como familia a vivir la presencia divina de Dios, o regresar a la tierra para enmendar y corregir sus errores, y llegada la hora pasaran debidamente por la instancia del purgatorio. La única condición para ingresar es que los 4 decidan voluntariamente hacerlo y sin consultarse entre ustedes, en caso de discrepancia en sus decisiones cada uno será juzgado de forma individual. La salvación y la vida eterna están al alcance de una simple decisión. –
Todos quedamos paralizados en un silencio casi palpable, intentando discernir las palabras que ese hombre nos acabada de decir. Sé que mi papa, mi hermano y mi mamá tienen muchas faltas y muchos pecados que cargar en sus espaldas, y llegado el caso creo que el propio egoísmo de continuar con sus aisladas vidas de excesos los llevará a volver a la tierra. Sin embargo esta es una posibilidad única de que pese al ateísmo de mi padre sea posible que Dios lo reciba en la vida eterna. ¿Debo pensar en ellos, pese a que últimamente pese a mis esfuerzos por importarles me han dejado de lado? ¿Debo ser piadosa con ellos, que han sabido ignorar mis progresos por ser mejor persona? ¿Pensarán ellos en mi, si no lo han hecho antes? La salvación y la vida eterna están al alcance de mi decisión.
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