miércoles, 16 de noviembre de 2016

Debajo de la cama

Muchas veces, escucho historias de experiencias paranormales, por así decirlo; apariciones de fantasmas, premoniciones o corazonadas que luego ocurrieron, hasta sucesos realmente escalofriantes.  Entonces he aquí uno de los momentos donde el miedo invadió cada centímetro de mi cuerpo.
Me encontraba en mi habitación, como tantas noches, prendida al monitor de mi computadora, deleitándome con alguna serie o película de terror. Estaba acompañada por mis inseparables cómplices Titán y Dama, mis dos perros mestizos que cada noche duermen conmigo.
Cuando el sueño le gano a la trama, me dispuse a descansar; entonces apagué la computadora, la dejé en el escritorio y me acosté. No apague la luz, ya que siempre duermo con el velador encendido.
Mis ojos estaban ya muy cansados por el largo día laboral, pero en mi cabeza algunas ideas seguían dando vueltas y no me dejaban conciliar el sueño. No sé en qué momento de la noche logré hacerlo. Pero a mitad de la noche, me desperté todavía en penumbras sobresaltada.
Titán, mi perro, se había despertado y había comenzado a gruñir. Esto me extraño, ya que no es una actitud muy recurrente en él, no suele despertarse en medio de la noche. Su gruñido era muy leve, suave, como si estuviera asustado, susurrando algo. Lo regañe para que regresara a dormir, y así lo hizo.
Al cabo de unos minutos, el perro volvió a la carga. Se reclino sobre el borde de mi cama y comenzó a gruñir con más fuerza, mostraba sus blancos y relucientes colmillos  de can joven. Su actitud me estaba comenzando a incomodar, ya que reitero él no suele comportarse de esa forma. Por lo que intente prestarle atención a lo que estaba molestándolo. Quizás estaría escuchando algo que ni oído humano no percibía.
Mi otra perra Dama continuaba en mi regazo totalmente dormida, casi inconsciente, lo que también me llamó la atención. La sacudí para despertarla, así podría acompañar a su compañero canino. Tras algunos minutos logré hacerlo, mientras que el pequeño Titán continuaba rugiéndole cada vez más desesperado a la nada que había debajo de mi cama.
¿O no era a la nada? ¿Y si él podía percibir algo? ¿Y si Titán con sus agudos sentidos de can podía identificar algún ente maligno que se hallaba escondido debajo de mi cama? ¿Y si había reconocido el fétido olor imperceptible de algún monstruo?
Mi corazón comenzó a acelerarse. En mi mente desfilaban escalofriantes imágenes de lo que podría haber debajo de la cama. Eso me estaba causando un miedo visceral. Me habían dado increíbles ganas de ir al baño. Pero obviamente no me iba a levantar, tener que salir de la cama, y arriesgarme a descubrir aquello que estaba alterando a mi amigo Titán, era una posibilidad descartada.
Lo llamé a mi regazo para que pueda tranquilizarse pero en un arrebato de ira saltó de la cama y se metio debajo. El silencio era tal que podía escuchar los acelerados latidos de mi corazón. 
-          Titán ¡Subí por favor! ¡Volvé a la cama conmigo!- Pero ya no escuchaba ni su respiración.
Con Dama mi lado, agudizando el odio, el miedo me estaba ganado. Mi corazón se aceleraba, un sudor helado comenzaba a recorrer el centro de mi espalda. Entonces, agarré a Dama y la puse en el piso para que busque ella  a su compañero. Pero en un arrebato de miedo, tan grande como el mío, subió de un solo salto y sin vacilar nuevamente a la cama. Se escondió debajo del edredón y comenzó a gruñir desde allí.  Los minutos transcurrían, Titán no aparecía, Dama no quería ir a buscarlo y yo tampoco.
Al cabo de lo a mi me pareció una eternidad ese perro loco por fin salió de su escondite, y saltó a mis brazos. Estaba sano y salvo. Jadeaba como loco, pero estaba bien. Sin rastros de ningún daño aparente.
Me quedé observando el piso de mi habitación desde arriba de mi cama, junto con mis dos compañeros. Ni el leve sonido del aleteo de una mosca podía escucharse. Me dio miedo esa sensación de tranquilidad abrazadora que antecede a una catástrofe. Mis sentidos agudizados por el miedo intentaban descifrar que era lo que estaba sucediendo, pero no lo conseguía.
Pasados algunos minutos, decidí que ya era demasiado de hacerme la cabeza con cosas que no estaban sucediendo. Por lo que nos incite a que nos volviéramos a dormir los tres. Entonces, me volví a acostar. Titán y Dama lo hicieron también un poco fastidiados. 
De repente en la tranquilidad de la noche, Titán vuelve a la carga y comienza a ladrar contra el piso con todas sus fuerzas. Entendí que si no me fijaba que era lo había allí que afectaba tanto a mi perro no iba a poder dormir en toda la noche, por no pensar alguna situación peor.
Respiré profundo dos veces, como inflando mis pulmones de valentía para poder develar que era lo que se escondía entre las sombras. Un poco dormida todavía no entendía si todo aquello estaba pasando realmente o era parte de una terrible e interminable pesadilla. Los ladridos de ese perro retumbaban en mi cerebro una y otra vez.
-          ¡Basta Titán! ¡Por Favor, cállate!! –le grite con todas mis fuerzas a mi amigo camino. Ya me estaba comenzando a ganar el miedo y la desesperación.
El perro se había metido debajo del edredón otra vez, y comenzaba su danza de ladridos desde allí debajo. No podía escuchar nada más que sus ladridos en esas condiciones. Por lo que no me quedaba más remedio que fijarme que había allí. Cada segundo se hacía más largo que el anterior. La eternidad se había condensado en esos instantes de inimaginable miedo. Algo había debajo de la cama, algo horrible seguramente.
Finalmente la determinación y el cansancio le ganaron al miedo. Me decidí a revisar que había allí. Cuando estaba por bajar de la cama, y poner mi primer pie en el suelo, justo en ese microsegundo una asquerosa, gigante y negra cucaracha casi roza mi pie. Eso. Una cucaracha.
Titán saltó de la cama cual cazador sobre su presa, y mató de un mordisco a la aquella asquerosidad que no lo dejaba dormir. Luego de hacer lo propio, subió nuevamente a la cama, y como si aquí no hubiera pasado nada se acomodo para dormir.




No hay comentarios:

Publicar un comentario