En el inicio de los tiempos, las personas estaban
completas y en armonía. Tenían dos cabezas, cuatro pies, y solo un corazón. Ellas
vivían muy contentas, llenas de felicidad. Tenían una vida perfecta.
Los Dioses envidiaban esa perfección. Por eso
decidieron acabar con sus dichas y las partieron a la mitad, dejándolas con una
cabeza, dos pies y medio corazón. Eso no fue todo. Además separaron a cada uno
de su otra mitad.
Desde entonces, las personas pasan sus días
buscando su otra mitad, la otra parte de sus corazones. Pero
solo la encuentra aquel que allá el verdadero amor, esa persona que a pesar del
tiempo y la distancia logra complementarte a la perfección.

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