Nueve
lunas te esperaba, pero el destino trunco este viaje. Las ilusiones quedaron
varadas en el tiempo y en el espacio de un eterno presente, donde vos y yo todavía
éramos uno. Donde eras parte de mi, y yo de vos.
Mi
corazón aún te extraña, aún te anhela. La tristeza no tiene decidido irse.
Eras especial. Sos especial, mi pequeño ángel. Sos. Tu esencia quedó flotando en
el aire de mis noches tristes y mis mañanas nubladas.
Hablaban
de la vida eterna y yo no lo entendía hasta que te fuiste. Con el tiempo
pude entender que no te fuiste del todo, que aún estas acá, que tu vida es más
grande de lo que podría ser en la tierra, sos eterno.
El
tiempo no se detuvo, el mundo no se detuvo por tu partida, pero sentí que mi
vida se iba con la tuya. Hasta que entendí que los ángeles son solo mensajeros,
que están en la tierra de paso, solo para cumplir su objetivo. Hoy lo entendí después
de tanto tiempo, después de tanto reproche, después de tanta tristeza, después de
tanto enojo y bronca. Solo querías darnos un mensaje, uno que te costo las
alas.
Gracias
hijo, porque mamá ya entendió que debe seguir adelante, con la frente en alto y
pelear cada día. Intentaré dejar de
buscarle un nombre a esto que nos paso, por que el dolor es tan grande, el
vacio es tan inmenso que la lengua castellana aún no le puso nombre a la pérdida
de un hijo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario