domingo, 16 de abril de 2017

No tiene nombre

Nueve lunas te esperaba, pero el destino trunco este viaje. Las ilusiones quedaron varadas en el tiempo y en el espacio de un eterno presente, donde vos y yo todavía éramos uno. Donde eras parte de mi, y yo de vos.
Mi corazón aún te extraña, aún te anhela. La tristeza no tiene decidido irse. Eras especial. Sos especial, mi pequeño ángel. Sos. Tu esencia quedó flotando en el aire de mis noches tristes y mis mañanas nubladas.
Hablaban de la vida eterna y yo no lo entendía hasta que te fuiste. Con el tiempo pude entender que no te fuiste del todo, que aún estas acá, que tu vida es más grande de lo que podría ser en la tierra, sos eterno.
El tiempo no se detuvo, el mundo no se detuvo por tu partida, pero sentí que mi vida se iba con la tuya. Hasta que entendí que los ángeles son solo mensajeros, que están en la tierra de paso, solo para cumplir su objetivo. Hoy lo entendí después de tanto tiempo, después de tanto reproche, después de tanta tristeza, después de tanto enojo y bronca. Solo querías darnos un mensaje, uno que te costo las alas.

Gracias hijo, porque mamá ya entendió que debe seguir adelante, con la frente en alto y pelear cada día.  Intentaré dejar de buscarle un nombre a esto que nos paso, por que el dolor es tan grande, el vacio es tan inmenso que la lengua castellana aún no le puso nombre a la pérdida de un hijo. 

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